21 May
21May

Establecer ciertas similitudes y afinidades del diseño latinoamericano ha sido una labor más bien reciente, una tarea en estado de work in progress. por tal razón, dos valiosas propuestas editoriales cuya publicación se agradece y que desde perspectivas particulares testimonian estos avatares son Latin America Graphic Design (la edición en español viene con título en inglés) de Felipe taborda y Julius wiedemann, e Historia del diseño en América Latina y el Caribe, publicación coordinada por Gui Bonsiepe y silvia Fernández. La primera se edifica desde la trinchera de la editorial taschen planteándose como una “revolución visual”, una iniciativa nunca antes vista en la historia del diseño (suponemos que en Latinoamérica) donde se pretende mostrar al mundo “la ventana del continente de las pampas, llanuras, arrecifes, de las altas montañas y selvas, de los cóndores, ballenas y jaguares”.La segunda, que se proyecta sobre la diáspora de Bonsiepe, propone una suerte de reflexión sobre la identidad del diseño latinoamericano y a la vez aborda temas como el problema de la “desindustrialización”, el uso de materiales locales o “exóticos”, la presencia de determinadas tipologías de producción en objetos industriales, y también “la ausencia de una metodología particular de diseño desarrollada a partir de una vivencia arraigada en la región”, en palabras del ex alumno de Maldonado. en ambas iniciativas (pioneras desde una visión continental, si se quiere) se da cuenta de las obsesiones de sus editores: un amplio mosaico de afiches, marcas, portadas de libros y cDs, en el caso de taborda, y una historia del desarrollo de productos y gráficas bajo la égida más bien famélica que carnosa de la industrialización en nuestro continente, en la publicación de Bonsiepe. sin embargo, también nos entregan un panorama, un primer peldaño sobre el cual debatir. Aunque observemos ciertas diferencias entre los expositores convocados en el libro de taborda y wiedemann (un luchador mexicano o un icono mapuche, pero
10 Felipe taborda y Julius wiedemann, Latin America Graphic Design (Barcelona, taschen, 2008), 8. 11 silvia Fernández y Gui Bonsiepe, op. cit., 11. Felipe taborda, “el diseño en Latinoamérica: ¿qué es ser diseñador en esta parte del mundo?” en Revista_180, número 16 (santiago, diciembre 2005), 3.
ambos procesados con el mismo código visual y probablemente con los mismos softwares de edición digital: Illustrator, Photoshop o In Design), los proyectos ahí expuestos tienden a generar un compendio relativamente homogéneo (hoy las gráficas suiza y polaca se parecen bastante, salvo en el idioma). tal vez una respuesta a esta coyuntura la podemos vislumbrar en el libro de Bonsiepe, cuando el diseñador alemán señala: “La identidad promete algo fijo, duradero, seguro, establecido, un punto de referencia, una constancia. pero cabe preguntarse si frente al frenético ritmo de innovaciones, la idea de una identidad estable no se torna en una realidad obsoleta y es sustituida por identidades flexibles, fluidas”.Algunos años atrás, si bien advertía que no se trataba de una queja, el mismo taborda entregaba algunas luces acerca del “problema” de “ser diseñador” en Latinoamérica: “‘Hacer diseño’ en este continente sufre la incomprensión generalizada. A pesar de ser actualmente una actividad que cumplió, en la mayoría de los países, 40 años de existencia, es común encontrar dificultades para explicar alguna definición de lo que hacemos a personas que ni siquiera escucharon hablar de esta profesión. sí, hacemos diseño, y éste está en todas partes: casa, auto, leche, anteojos, libro, televisor, video, zapato, publicidad, vino, queso. pero como lo ven siempre, empiezan a no verlo nunca. cuanto mejor el diseño, más invisible se torna, lo que nos torna invisibles a nosotros también”. Aun así, y tomando en cuenta la reflexión de taborda, lo cierto es que la industria cultural de Latinoamérica ha estado en sintonía con el mundo occidental, al menos desde el siglo XX. y el diseño no ha escapado a esta vorágine modernizadora, considerando que a partir de la década de 1950 se estableció el modelo de sociedad de consumo en algunas naciones latinoamericanas como corolario de la producción masiva asociada al desarrollo de los medios de comunicación y distribución, a las nuevas estrategias publicitarias, el mayor acceso a crédito y la diversificación de los mercados nacionales.

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